Lanzarote: belleza, silencio y serenidad, por Dionisio Pérez Sanz, periodista y viajero

Lanzarote: belleza, silencio y serenidad, por Dionisio Pérez Sanz, periodista y viajero

La sombra de César Manrique planea por encima de todo. El pintor, escultor, arquitecto y urbanista, es desde hace décadas el verdadero tótem de esta maravillosa isla canaria.

Lanzarote es un lugar insólito. Lo primero que sorprende al viajero es su belleza salvaje, una estampa a la que contribuye un intenso cielo azul, su negro y rugoso suelo volcánico y sus playas rebeldes. Luego está esa atmósfera de silencio y serenidad que hace de cada rincón un decorado de teatro, donde el tiempo parece detenerse. Pero si hay algo que aquí planea por encima de todo es la sombra de César Manrique, el pintor, escultor, arquitecto y urbanista, desde hace décadas el verdadero tótem de esta maravillosa isla canaria. Manrique ha dejado una profunda huella en su tierra natal tanto por sus originales diseños como por haber conseguido que el turismo respete y admire el modo de vida tradicional de sus paisanos.

En un lugar conocido como Taro de Tahiche, a escasos doscientos metros donde el artista falleció en accidente de tráfico, se encuentra la casa que el mismo construyó en1968, en mitad de una colada de lava de color azul intenso. El creador canario la habitó durante veinte años y luego la donó para crear su propia fundación, la FCM, cuyo objetivo no es otro que promover una arquitectura adaptada y respetuosa con el medio, en una muestra más de lo que fue el denominador común de toda su obra. Así lo prueban sus creaciones en los Jameos del Agua, el Mirador del Río, el Parque Nacional del Timanfaya y otras intervenciones dentro y fuera del archipiélago. En el conjunto de su producción late una manifiesta voluntad de integración con lo natural, un propósito que el artista definió como “arte total”.

Naturaleza agreste

Antes de entrar en la FCM, el viajero puede admirar dos esculturas del propio César Manrique, una fija, “El triunfador”, y otra móvil, “La energía de la pirámide”. La primera muestra de ese maridaje con el entorno es la apertura de la vivienda hacia la lengua volcánica que la rodea mediante grandes ventanales, lo que de alguna manera ayuda a que la naturaleza agreste participe del interior del edificio. Ya dentro, la combinación entre el negro lávico y el blanco inmaculado producen una sensación de calma indescifrable. Las formas cúbicas que sobresalen del suelo son fieles a la arquitectura tradicional de la isla, aunque hay algunos detalles contemporáneos como las grandes ventanas y terrazas y los espacios más que generosos.

En el antiguo salón central de la vivienda se exponen obras de la colección particular de la fundación, con firmas como las de Picasso, Tàpies, Miró, Chillida, Zóbel, Chirino, Sempere o Mompó. La visita continúa por un espacio exterior de tránsito que da acceso a la sala donde se muestran algunos ejemplos de las obras de intervención en la naturaleza del artista, aunque antes de entrar se puede ver una impresionante panorámica de la corriente de lava sobre la que ha sido levantada la vivienda, además del jameo -trozo de tubo volcánico cuya parte superior se ha desplomado, quedando al descubierto- que fue aprovechado para construir la piscina. Más tarde, en un amplio corredor, se muestra una colección de arte canario contemporáneo de la FCM.

Burbujas volcánicas

Desde aquí se desciende por una escalera de basalto al nivel subterráneo, formado por cinco burbujas o pompas volcánicas que fueron comunicadas por Manrique a través de pequeños pasillos horadados en la lava y acondicionadas para ser habitadas. Desde la burbuja de la fuente se pasa a la burbuja blanca -embellecida con un sofá y una palmera que llega al piso superior- y de ahí a la roja, que se sitúa debajo del salón central y funciona como centro distribuidor.

Después del jameo donde se encuentra la piscina, un espacio realmente encantador, el recorrido nos lleva a la burbuja negra, apuntalada con cuatro pilares, para finalmente visitar la burbuja amarilla y desde ahí adentrarnos en el antiguo estudio del pintor, en el que se exhibe una muestra permanente de su obra pictórica. En dicho espacio impresiona el ventanal que deja paso a una masa de lava que accede directamente al interior de la casa. En el exterior aguarda un bello y cuidado jardín, en el que puede verse un amplio mural que César Manrique realizó en 1992 y para el que utilizó trozos de piedra volcánica y azulejos en el interior del dibujo.

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Belleza estéril

En su recorrido por la isla el viajero debe visitar lugares emblemáticos como los Jameos del Agua, el pueblo de Teguise, el Golfo, la playa de Famara, el Mirador del Río -frente a la isla de la Graciosa-, la cueva de los Verdes, el Jardín de Cactus o el valle de la Geria, famoso por sus vinos. Y no puede dejar de ver el Parque Nacional de Timanfaya, la principal atracción de Lanzarote y probablemente de todas las Canarias. Este espacio estéril y de indudable belleza comenzó a tomar la forma que hoy conocemos en 1730, cuando la tierra se abrió y estuvo durante seis años arrojando al exterior humo y lava fundida, enterrando pueblos enteros y convirtiendo en paisaje lunar lo que hasta entonces era una de las vegas más ricas y fértiles de la isla.

Lo primero que vemos es el llamado “islote de Hilario”, donde se encuentra el restaurante “El Diablo”, complejo diseñado por Manrique e integrado en el paisaje. Las carnes y papas que aquí se sirven se preparan con el calor que proporciona el propio volcán: fruto de la existencia de una cámara magmática residual a menos de dos metros de la superficie se alcanzan temperaturas de 250 grados centígrados. No en vano, la excursión ofrece como atractivo turístico demostraciones de quema de arbustos en un agujero practicado en el suelo y géiseres artificiales producidos al verter cubos de agua por un tubo de sondeo.

 

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Recorrido circular

Aunque se acceda al parque en vehículo propio el recorrido por la denominada ruta de los Volcanes parte de este lugar y se realiza en “guagua”, un trayecto de una media hora -cerca de 15 kilómetros- en los que el autobús no se detiene y, por tanto, el visitante no puede pisar ni caminar sobre el terreno, algo que sin duda ayuda a la conservación y sostenibilidad de esta maravilla de la naturaleza. En el tour circular por las llamadas Montañas de Fuego, se puede escuchar una grabación sincronizada que nos acerca al núcleo orográfico principal del parque y a como se originó su morfología durante las numerosas erupciones del siglo XVIII.La ruta de los Volcanes también fue ideada por César Manrique y su colaborador Jesús Soto con un trazado de carretera en perfecta sintonía con el entorno.

Desde el ventanal de la guagua el viajero contempla un paisaje único, sin apenas presencia de lo vegetal, un terreno donde abundan profundos cráteres, “hornitos” -pequeñas bocas eruptivas formadas por gases a presión cuando la roca aún estaba blanda-, “malpaíses” -suelos rugosos formado por el enfriamiento de la lava- y numerosos túneles. La ruta pasa por el barranco del Fuego, el valle de la Tranquilidad -debido a su insonorización- y el pico y cráter del Timanfaya, con el impresionante mirador de Montaña Rajada, donde se puede contemplar un mar de lava con el océano Atlántico al fondo. Además de esta excursión, la más tradicional, hay otros tres posibles recorridos por el parque. Uno es la ruta de la Termesana, que es un recorrido guiado, a pie, que rodea el volcán del mismo nombre y que solo puede realizarse previa reserva en el Centro de Interpretación de Mancha Blanca. Son tres kilómetros llanos a través de un malpaís de lava en los que nadie puede abandonar el sendero. Otra de las rutas es la del Litoral, que también puede ser guiada previa reserva o bien recorrerse libremente, por un camino paralelo a la costa de unas cuatro o cinco horas de marcha. Finalmente está el famoso recorrido en dromedario -una de las estampas típicas de Lanzarote-, con salida desde el Echadero de los Camellos, a poca distancia del acceso principal.

Autor: Dionisio Pérez Sanz. Periodista y viajero

MÁS INFORMACIÓN

Guías recomendadas: “Rutas por las costas de Canarias” e “Islas Canarias. Guías visuales” (El País-Aguilar); “Lanzarote. Guiarama Compact” (Anaya Touring Club); “Canarias” (Lonely Planet)

Fundación César Manrique

Parque Nacional del Timanfaya

Turismo de Lanzarote

Etiquetas: plus40net viajes

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